El 16 de julio de 1251, la Virgen María se apareció a ese su fervoroso servidor, y le entregó el hábito que había de ser su signo distintivo. Inocencio IV bendijo ese hábito y le otorgó varios privilegios, no sólo para los religiosos de la Orden, sino también para todos los Cofrades de Nuestra Señora del Monte Carmelo. Llevando éstos el escapulario, que es la reducción del que llevan los Carmelitas, participan de todos los méritos y oraciones de la Orden y pueden esperar de la Santísima Virgen verse pronto libres del Purgatorio, si hubieren sido fieles en observar la abstinencia, la castidad conforme a su estado y las oraciones mandadas por Juan XXII en la bula llamada Sabatina, publicada en 3 de marzo de 1322.
En este día, pidamos
acrecentamiento de devoción a María Santísima que tan liberal se muestra con
sus devotos; pues promete a los que llevaren puesto su santo escapulario la
eterna salvación y el alivio y abreviación de las penas del purgatorio. Vayamos
a María. Ella misma nos invita con su voz dulcísima.
N. de la R.: Texto tomado del Misal Diario y Vesperal de Dom. Gaspar Lefebvre.

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