domingo, 21 de julio de 2024

Domingo IX después de Pentecostés.

La liturgia de hoy insiste en los terribles castigos que están reservados para los que hubieren renegado de Cristo. Todos ellos perecerán y ninguno entrará en el reino; al revés de sus fieles y leales servidores, los cuales le seguirán algún día imitando su gloriosa Ascensión a los cielos. A poner aún más de relieve este ideal contribuye a la lectura del Breviario, al hablarnos del gran profeta Elías. 

<<Elías, dice San Agustín, es figura de nuestro Señor y Salvador, porque, como Él, sufrió también persecución por la justicia y luego subió en triunfo por los aires.

Este triunfo de Elías y de Jesús será también nuestro si es que no tentamos a Cristo>>, o sea, <<si evitamos la idolatría, la impureza y la murmuración>>, siendo fieles a la gracia. Bien se ve por toda la trama compleja de la vida de Elías y Eliseo, que Dios protege al justo, y se sacrifica por Él en los altares, y hasta le da a comer su propia carne y a beber su propia sangre para que, unido siempre a Él con apretado lazo, pueda guardar fielmente los divinos mandamientos, que son más dulces que la misma miel. Porque Dios es fiel, y no permite que el demonio nos tiente más de lo que nuestras fuerzas consienten, y aun si somos tentados, es para que saquemos provecho espiritual de la tentación, y ganemos una victoria.

Pero la justicia divina, no contenta con proteger al justo y premiar su fidelidad, castiga a sus perseguidores que obran la maldad. Lo vemos de un modo palmario en la vida de Elías y en la de Jesús. Y no sólo recae la ira de Dios sobre los individuos pecadores, sino también sobre las ciudades y las naciones. Terrible escarmiento fue la ruina de Jerusalén predicha por el Señor, el cual derramó por ella lágrimas tan amargas, aunque en vano, pues no se convirtió. <<Veintitrés mil Hebreos perecieron en un mismo día a causa de su impureza, y muchos también fueron muertos por el Ángel exterminador por haber murmurado>>. Todo esto, añade el Apóstol, estaba escrito para nuestro escarmiento. Más de un millón de Judíos pereció en el saco de Jerusalén por Tito (año 70), todo ello por no haber admitido a Cristo. El fuego vendrá finalmente a vengar los ultrajes cometidos por los hombres contra su Dios, el cual expulsará a los malos de su templo, del cielo, no a latigazos, sino con aquel látigo harto más doloroso de su palabra que atronará cuando diga: ¡Id, malditos, al fuego eterno!. Si estamos de pie, procuremos no caer, guardando los mandamientos del Señor, que son más dulces que la miel, y alegran los corazones.




N. de la R.: Texto tomado del Misal Diario y Vesperal de Dom. Gaspar Lefebvre.

jueves, 18 de julio de 2024

La Victoria Siempre Será de Nuestro Dios...

Hace algunos días celebramos la Fiesta de Nuestra Señora del Carmen, fecha que ha tomado un tinte especial, porque hace 3 años atrás la Santa Sede publicó el Motu Proprio "Traditiones Custodes" con el que restringió fuertemente la celebración de la Santa Misa de Siempre y los sacramentos bajo los libros litúrgicos de 1962, lo que significó un golpe universal a la familia de la Tradición, que desde el año 2007 gozaba de carta de ciudadanía en la Iglesia, gracias al Motu Proprio "Summorum Pontíficum" del Papa Benedicto XVI. 

Hace poco más de un mes, se alzaron fuertes rumores que en esta fecha tan especial en que conmemoramos a Nuestra Señora (16 de julio), junto con cumplirse 3 años de las nuevas disposiciones romanas respecto de la Santa Misa Tradicional, tendría lugar un nuevo documento que prohibiría absolutamente la Santa Misa de Siempre. A Dios gracias, y a Nuestra Señora del Monte Carmelo, no hemos tenido que lamentar alguna nueva disposición en ese sentido y todo ha quedado -al parecer- en rumores-, no obstante, estamos en las manos de Dios (como siempre). Esto nos debe mover a esperar siempre en Dios, a rezar, a seguir trabajando por la obra de la restauración de la Cristiandad y de la Santa Misa de Siempre, cada uno desde nuestras míseras posibilidades, ofreciendo nuestras buenas obras y sacrificios al buen Dios, y manteniendo en alto la esperanza, recordando que aunque los enemigos de Cristo estén constantemente al acecho de su Iglesia, la Victoria siempre será de Nuestro Dios.



martes, 16 de julio de 2024

Conmemoración de Nuestra Señora del Monte Carmelo (Fiesta de 1a clase en Chile).

Según una piadosa tradición, el día de Pentecostés, ciertos piadosos varones, que habían seguido la traza de vida de los Profetas Elías y Eliseo, abrazaron la fe cristiana; siendo ellos los primeros que levantaron un templo a la Virgen María en la cumbre del Carmelo, en el lugar mismo desde donde Elías viera la nube que figuraba la fecundidad de la Madre de Dios. Estos religiosos se llamaron Hermanos de Santa María del Monte Carmelo, y pasaron a Europa en el siglo XIII, con los Cruzados, aprobando su regla Inocencio IV, en 1245, bajo el generalato de San Simón Stock.

El 16 de julio de 1251, la Virgen María se apareció a ese su fervoroso servidor, y le entregó el hábito que había de ser su signo distintivo. Inocencio IV bendijo ese hábito y le otorgó varios privilegios, no sólo para los religiosos de la Orden, sino también para todos los Cofrades de Nuestra Señora del Monte Carmelo. Llevando éstos el escapulario, que es la reducción del que llevan los Carmelitas, participan de todos los méritos y oraciones de la Orden y pueden esperar de la Santísima Virgen verse pronto libres del Purgatorio, si hubieren sido fieles en observar la abstinencia, la castidad conforme a su estado y las oraciones mandadas por Juan XXII en la bula llamada Sabatina, publicada en 3 de marzo de 1322. 

En este día, pidamos acrecentamiento de devoción a María Santísima que tan liberal se muestra con sus devotos; pues promete a los que llevaren puesto su santo escapulario la eterna salvación y el alivio y abreviación de las penas del purgatorio. Vayamos a María. Ella misma nos invita con su voz dulcísima.

N. de la R.: Texto tomado del Misal Diario y Vesperal de Dom. Gaspar Lefebvre.


domingo, 14 de julio de 2024

Domingo VIII después de Pentecostés.

Recibió la Iglesia en las solemnidades de Pentecostés las efusiones del Espíritu Santo, y la liturgia de hoy nos demuestra los benéficos resultados de las mismas. 

Uno de ellos, y no el menor, es la gracia de la divina adopción, en virtud de la cual podemos llamar Padrea nuestro Dios, con derecho a la herencia del cielo.

Mas si vivimos por Dios, preciso es que vivamos también para Dios y que en todo nos dejemos guiar por el Espíritu de Dios; y así pueda acogernos algún día en sus eternos tabernáculos. He aquí la verdadera sabiduría, que pide la Iglesia en la oración y que alaba el Evangelio, porque ella sabe prevenir con prudencia y sagacidad nuestro recibimiento en los <<eternos tabernáculos>>.

Al evocar la liturgia en estos domingos la figura de Salomón, y de su magnífico Templo, podemos dirigir la mirada a ese otro templo que somos nosotros mismos, dedicado a Dios por el bautismo y convertido tal vez por nosotros en guarida de ladrones y de mil siniestras alimañas de pecados, que lo ensucian y profanan. Pues si así fuere por desgracia nuestra, habría que limpiarlo con la escoba de Lázaro, con una condigna penitencia.

Además, el Templo salomónico es figura del grandioso Templo del cielo, en donde Dios mora con sus Santos y en que los regala con sus delicias sin fin y sin medida. En ese mismo templo entraremos también nosotros si es que vivimos según el espíritu, y matamos las obras de la carne; entonces, y sólo entonces seremos verdaderos hijos de Dios, herederos suyos y coherederos de Cristo; el cielo será nuestra rica herencia. 

Para ingresar en los eternos tabernáculos, coviénenos también allegar riquezas y méritos, de esos que el ladrón o roba y la polilla no carcome, hacernos amigos, tener como amigos a los Santos moradores de aquel templo; imitando así a aquel mayordomo previsor, a quien alaba Jesús en el Evangelio, no tanto por sus malas artes y su deslealtad para con el amo, cuanto por su intuición clara del futuro. Porque sucede, por desgracia, que los hijos de la luz somos menos despiertos que los de las tinieblas, y eso que nuestros negocios son de harto mayor cuantía que los suyos, yendo en ello nada menos que nuestro bienestar eterno.

Uno de los medios más aptos para conseguir que Dios nos reciba en sus eternas moradas es dar limosna al que la hubiere menester, limosna espiritual, como un buen consejo, una justa reprensión, un cariñoso consuelo; limosna material, como un poco de pan al hambriento, un trapo para el harapiento y desnudo. Si practicáremos esa virtud, poco o nada tendremos que temer cuando el Señor universal nos viniere a pedir cuentas de la administración de nuestra alma, y de los bienes y gracias que en nosotros depositó para granjear con ellos.


N. de la R.: Texto tomado del Misal Diario y Vesperal de Dom. Gaspar Lefebvre.


domingo, 7 de julio de 2024

Domingo VII después de Pentecostés.

El Espíritu Santo sigue siempre pausadamente, calladamente transformando, divinizando la faz sobrenatural de la tierra. Es la sal de la Sabiduría, que sazona al mundo, que purifica las almas, que las madura con sus divinales fuegos para la vida eterna.

 Ese divino Espíritu tiene razón de Don, y entre los Dones el más augusto y preciado es el de Sabiduría, tan solicitado por la Iglesia ya desde estos domingos, y sobre todo en los de agosto, al recordarnos en maitines las figuras de David y de Salomón. Ambos fueron grandes amantes de la divina Sabiduría, que nos hace sacar gusto a Dios, y enjuiciarlo todo según su certero y sapientísimo criterio: <<Ésta es aquella Sunamitis tan ferviente que calentaba al anciano David, tan casta que no le incitaba a la libídine>>. Ésta pidió también el joven Salomón como esposa al tomar las riendas del gobierno; ésta finalmente constituirá para los elegidos las delicias del cielo. <<Videnti Creatorem, angusta est omnis creatura>>, al que ve al Creador, dice San Gregorio, parécele poquita cosa cualquier criatura, charquitos de agua turbia, frente a las aguas vivas de una fuente caudalosa.

Los pingües frutos de esta celestial Sabiduría hállanse enumerados en la Epístola de hoy; y, en cambio, el fruto y paga del pecado es la muerte, además de la vergüenza y del torcedor de la conciencia que le acompaña y que le sigue.

Por nuestra vida y por los frutos que rindamos se conocerá qué tal árbol somos, pues, no está todo en tener buenas palabras, sino en la Sabiduría y cordura, que el Espíritu Santo comunica a los que de Él se dejan dócilmente guiar, traduciéndose luego en obras buenas y de edificación. <<Preciso es, dice San Agustín, que manos y lengua vayan a la par; y que mientras ésta glorifica a Dios, aquellas obren>> <<Las palabras placenteras y los aires de mansedumbre deben ser evaluados por el fruto de las obras, dice San Hilario; porque a menudo sucede que la piel de oveja sirve para ocultar la ferocidad del lobo>>.

Tenemos, pues, en el pacífico Salomón una figura de Cristo, el cual dijo cierto día: <<Éste que veis es más que Salomón>>. A Él debemos escuchar porque tiene palabras de vida eterna. Él es la sabiduría misma del Padre.

Pidamos al Señor, mantenga nuestra vida en los caminos de su justicia, aparte de nosotros todo lo nocivo, y nos conceda todo lo saludable.

 


N. de la R.: Texto tomado del Misal Diario y Vesperal de Dom. Gaspar Lefebvre. 


martes, 2 de julio de 2024

Fiesta de la Visitación de la Santísima Virgen María (02 de Julio).

Cuando el Ángel Gabriel anunció a María que Dios pensaba conceder bien pronto un hijo a Isabel, la Virgen voló al punto a Ain-Karín, en donde residía su prima. He aquí el misterio de la Visitación, que se celebra al siguiente día de la Octava de la Natividad de San Juan Bautista. En este día, como en el Adviento, la Iglesia junta el recuerdo del Precursor al de Jesús y de María. Ya el viernes de las Témporas de Adviento nos traía a la memoria el misterio de la Visitación. Esta solemnidad fue instituida en 1389, por Urbano VI, para alcanzar del cielo el fin del gran Cisma de Occidente.

María visita a Isabel, y Jesús a Juan, y le santifica. Por lo cual San Juan salta de gozo, e Isabel, llena del Espíritu Santo, exclama: <<Bendita eres entre todas las mujeres, y bendito es el fruto de tu vientre>>.

La Virgen, Madre de Dios, que lleva en sí al que lleva y crea todas las cosas, pronuncia entonces el sublime cántico Magníficat, repetido a diario por tantos sacerdotes y vírgenes del Señor.

Visítanos hoy, oh María, y visítanos a menudo trayendo juntamente contigo a tu divino Hijo, Salvador nuestro.

Ven a nosotros con tu Jesús; ven, y no te vayas, porque a tu lado se está bien; <<los efluvios que despides son un Paraíso>>; porque si el cielo te colmó de gracia, es para que la viertas a ríos sobre la pobre humanidad redimida. Tu Jesús es la fuente; tú el canal por donde fluyen las gracias del cielo hasta los míseros hijos de Eva, pero hechos ahora hijos tuyos, hermanos y coherederos de nuestro Señor Jesucristo. Visítanos, sí, en el día de tu santa Visitación.

N. de la R.: Texto tomado del Misal Diario y Vesperal de Dom. Gaspar Lefebvre.


lunes, 1 de julio de 2024

Letanías de la Preciosísima Sangre.

-Señor, ten misericordia de nosotros.

-Cristo, ten misericordia de nosotros.

-Señor, ten misericordia de nosotros.

-Cristo, óyenos.

-Cristo, escúchanos.

-Dios Padre celestial, ten misericordia de nosotros.

-Dios Hijo, Redentor del mundo, ten misericordia de nosotros.

-Dios Espíritu Santo, ten misericordia de nosotros.

-Trinidad Santa, un solo Dios, ten misericordia de nosotros.


-Sangre de Cristo, el Unigénito del Padre Eterno, Sálvanos. ¹

-Sangre de Cristo, Verbo de Dios encarnado,

-Sangre de Cristo, del Nuevo y Eterno Testamento,

-Sangre de Cristo, derramada sobre la tierra en la agonía,

-Sangre de Cristo, vertida copiosamente en la flagelación,

-Sangre de Cristo, brotada de la coronación de espinas,

-Sangre de Cristo, derramada en la Cruz,

-Sangre de Cristo, prenda de nuestra salvación,

-Sangre de Cristo, sin la cual no hay perdón,

-Sangre de Cristo, bebida eucarística y refrigerio de las almas,

-Sangre de Cristo, manantial de misericordia,

-Sangre de Cristo, vencedora de los demonios,

-Sangre de Cristo, fortaleza de los mártires,

-Sangre de Cristo, sostén de los confesores,

-Sangre de Cristo, que haces germinar las vírgenes,

-Sangre de Cristo, consuelo en el peligro,

-Sangre de Cristo, alivio de los afligidos,

-Sangre de Cristo, solaz en las penas,

-Sangre de Cristo, esperanza del penitente,

-Sangre de Cristo, consuelo del moribundo,

-Sangre de Cristo, paz y ternura para los corazones,

-Sangre de Cristo, promesa de vida eterna,

-Sangre de Cristo, que libras a las almas del Purgatorio,

-Sangre de Cristo, acreedora de todo honor y gloria,

 

-Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo, Perdónanos, Señor.

-Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo, Escúchanos, Señor.

-Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo, Ten piedad de nosotros.

 

V. ¡Oh Señor!, nos has redimido en tu sangre.

R. Y nos has hecho reino de nuestro Dios.

 

ORACIÓN.- Dios omnipotente y eterno, que has hecho de tu Hijo Unigénito el Redentor del mundo, y has querido ser aplacado por su Sangre, concédenos, te suplicamos, que de tal modo adoremos el precio de nuestra salvación, que por su virtud nos salvemos de los peligros de la vida presente y alcancemos el gozo de sus frutos eternamente en el Cielo. Por el mismo Señor Nuestro Jesucristo, tu Hijo, que contigo vive y reina en unidad del Espíritu Santo, Dios por todos los siglos de los siglos. Amén.

1.- A todas las invocaciones que siguen se responde: Sálvanos. 

Fiesta de la Preciosísima Sangre de Nuestro Señor Jesucristo (01 de Julio).



<<A Cristo, Hijo de Dios, que nos redimió con su Sangre, venid y adorémosle>>.

El día del Corpus Christi canta ya la Iglesia el <<misterio del glorioso Cuerpo y de la preciosa Sangre de Jesús>>; pero hoy honra a esta última con un culto especial. 

El Corazón de Jesús ha hecho que circulase por sus miembros esta sangre adorable; y por eso, el Evangelio nos hace presenciar la escena que se desarrolló en el Calvario, al ser atravesado el pecho del divino Crucificado por la lanza, derramando en seguida testimonios que el Espíritu Santo dio del Mesías al ser éste bautizado en las aguas del Jordán, y al ser bautizado con su propia sangre en la Cruz.

¡Acuérdate, Señor, de estos tus siervos, a los que con tu preciosa Sangre redimiste!

Cada vez que asistamos al Santo Sacrificio de la Misa, veneremos con profunda reverencia la Sangre preciosísima de nuestro Redentor, que el Sacerdote ofrece a Dios en el Altar, para remisión de nuestros pecados.

La liturgia, ese admirable compendio de la historia de la Iglesia, nos recuerda todos los años que en esta fecha fue cuando en 1849 quedó vencida la Revolución que había expulsado al Papa de Roma. Para perpetuar el recuerdo de este triunfo y mostrar ser debido a los merecimientos del Salvador, Pío IX, refugiado entonces en Gaeta, instituyó la festividad de la Preciosa Sangre, Pío XI, para conmemorar el 1900° aniversario de la Redención, llevó esta fiesta a 1ª clase.

N. de la R.: Texto tomado del Misal Diario y Vesperal de Dom. Gaspar Lefebvre.


domingo, 30 de junio de 2024

Domingo VI después de Pentecostés.

Un pensamiento predomina en la liturgia de este día: Hay que matar en nosotros el pecado con un arrepentimiento sincero, pidiendo a Dios la gracia de nunca jamás recaer en él. El Bautismo nos hizo morir al pecado, la Penitencia nos restituye de nuevo la gracia divina, siendo como una segunda tabla después del naufragio de la inocencia, y la Eucaristía nos presta fortaleza contra las recaídas. 

A ello nos convida hoy el Breviario, el cual trae en forma de apólogo la lastimosa caída de David, quien, a pesar de ser tan virtuoso, todavía dejó entrar en su corazón la sierpe del pecado. Apasionado por la mujer de Urías, la hermosa Betsabé, puso a su legítimo marido a la vanguardia de su ejército en una batalla contra los Amonitas, y Urías sucumbió en la refriega conforme al intento y deseo del Rey.

Pero Dios, que amaba a David, no podía dejar sin ejemplar reprensión y castigo tamaña iniquidad; y por eso le envió luego al profeta Natán para decirle: <<Había en cierta ciudad dos hombres, rico uno y el otro pobre. El rico poseía grandes rebaños. Mas el pobre nada absolutamente tenía sino una sola ovejita, que había comprado y alimentado, y que había crecido en su misma casa juntamente con sus hijos, comiendo de su pan, bebiendo de su copa, durmiendo en su seno de manera que era para él como una hija. 

Pero habiendo venido un extraño a casa del rico, robó la oveja al pobre, y se la sirvió en la mesa a su huésped, porque no quería tocar en su propio rebaño>>.

Al oír esto David, exclamó indignadísimo: <<¡Vive Dios, que ese hombre merece la muerte!>>.

Repuso entonces Natán: <<¡Tú eres ese hombre!>>.

Y al punto contestó David a Natán: ¡Ay de mí, que he pecado contra el Señor!

Añadió Natán: <<Por haberte arrepentido, el Señor te perdona; no morirás. He aquí tu castigo: el hijo que Betsabé te ha dado morirá>>. Y tal sucedió como lo había dicho el profeta.

Entonces fue David al Templo del Señor, y lloró contrito y humillado.

Pondera San Ambrosio, la humildad de David y de su inmenso dolor por su culpa, que fue el que le atrajo el perdón del cielo, al contrario de lo que hubiera sucedido si la hubiese negado y se hubiese disculpado de ella, como hicieron nuestros primeros padres, y como hacen la mayoría de los hombres, agravando de esa manera su pecado. <<Aun los Santos del Señor, añade, que sólo anhelan proseguir en la lucha comenzada y recorrer por entero la carrera de la salvación, si a las veces, siendo hombres como son, vienen a flaquear, no tanto por afición al pecado cuanto por la nativa debilidad, luego se levantan, y, más ardorosos, para la marcha compensan el tropezón, con rudos combates. Así, su caída, lejos de retrasarlos, sólo sirve para estimularlos y hacerles correr más que antes>>.

 Pues bien, en el bautismo fuimos sepultados con Cristo, y con Él fue crucificado nuestro hombre viejo, para que muramos al pecado y resucitemos en Él a nueva vida. Si por desgracia recayéremos, pidamos a Dios nos sea propicio, y nos devuelva la gracia del Espíritu Santo, ya que de Él proviene todo don perfecto.

Después hemos de llegarnos al altar y recibir en él la Sagrada Eucaristía, cuya virtud nos fortalecerá contra nuestros enemigos y nos conservará en el fervor de la piedad, porque el Señor es la fortaleza de su pueblo y el guía que jamás le dejará de la mano.


Por eso también leemos hoy el Evangelio de la multiplicación de los panes, figura de la Eucaristía, que es nuestro necesario viático. La divina Eucaristía nos ahorrará también lamentables caídas, perfeccionando en nosotros la gracia bautismal y afianzará nuestros pasos en las sendas del Señor.

El Señor bondadosísimo dice que no quiere dejarles volver a sus casas sin haber comido, no sea que desfallezcan en el camino. <<Si alguno desfallece en el camino, no habrá que achacarlo a la comida>>; porque si Elías pudo andar por el desierto cuarenta días, con el vigor que le comunicó el pan suministrado por un Ángel, con harta más razón podremos andar durante los cuarenta años de la vida por la tierra extraña de Egipto, si nos alimentamos del Pan divino, que en el altar se nos sirve.


N. de la R.: Texto tomado del Misal Diario y Vesperal de Dom. Gaspar Lefebvre.

sábado, 29 de junio de 2024

Fiesta de los Santos Apóstoles Pedro y Pablo (29 de Junio).

La Iglesia entra está hoy de fiesta, porque <<Dios ha consagrado este día con el martirio de los Apóstoles San Pedro y San Pablo>>.

San Pedro es el vicario, o sea, el lugarteniente y representante visible de Cristo. Los judíos, que habían desechado a Jesús, hicieron lo mismo con su sucesor. Por lo cual, trasladando entonces el centro religioso del mundo, Pedro dejó a Jerusalén, y se fue a Roma, que luego llegará a ser la ciudad eterna, y sede de todos los Papas.

San Pedro, primer Papa, habla en nombre de Cristo, el cual le concedió su infalibilidad doctrinal. Y así, no son la carne y la sangre sus guías e inspiradores, sino el Padre celestial, quien no permite que las puertas del infierno prevalezcan contra su Iglesia, cuyo fundamento es Él mismo.

Al recibir San Pedro las llaves, fue constituido prepósito del <<reino de los cielos>> en la tierra, o sea, de la Iglesia, reinando en ella en nombre de Jesucristo, que le ha investido de su potestad y de su Autoridad soberana. 

Roguemos con <<la Iglesia, la cual no cesaba de elevar oraciones a Dios, en favor de San Pedro>>, roguemos por su sucesor <<el siervo de Dios, nuestro Santo Padre el Papa>>.

¡Oh gloriosos príncipes de la tierra! Así como os amasteis en vida, tampoco quisisteis veros separados en la muerte. Os felicitamos hoy en el día de vuestro triunfo y de vuestro descanso.

Ahora mirad desde el cielo a los que todavía nos arrastramos por la tierra. Mirad esa navecilla de la Iglesia, que boga por medio del mundo llevando a tantas almas al puerto de salvación. Pedid también para todos y cada uno de los cristianos acrecentamiento de fe, de esperanza y caridad, de esas tres virtudes fundamentales por que tanto os distinguisteis entrambos, de manera que para nosotros y para toda la Iglesia dilatada por el Orbe deje huella indeleble vuestra santa festividad.

*En las dos grandiosas basílicas construidas en Roma sobre los sepulcros <<de estos dos Príncipes, que con la cruz y con la espada conquistaron su silla en el senado eterno>>, se celebraban antiguamente dos Misas solemnes. Más tarde, por razón de la gran distancia que separa entre si a estas dos iglesias, se dividió la fiesta, honrando más particularmente a San Pedro el 29 de Junio y a San Pablo el 30 del mismo*

N. de la R.: Texto tomado del Misal Diario y Vesperal de Dom. Gaspar Lefebvre.