domingo, 30 de junio de 2024

Domingo VI después de Pentecostés.

Un pensamiento predomina en la liturgia de este día: Hay que matar en nosotros el pecado con un arrepentimiento sincero, pidiendo a Dios la gracia de nunca jamás recaer en él. El Bautismo nos hizo morir al pecado, la Penitencia nos restituye de nuevo la gracia divina, siendo como una segunda tabla después del naufragio de la inocencia, y la Eucaristía nos presta fortaleza contra las recaídas. 

A ello nos convida hoy el Breviario, el cual trae en forma de apólogo la lastimosa caída de David, quien, a pesar de ser tan virtuoso, todavía dejó entrar en su corazón la sierpe del pecado. Apasionado por la mujer de Urías, la hermosa Betsabé, puso a su legítimo marido a la vanguardia de su ejército en una batalla contra los Amonitas, y Urías sucumbió en la refriega conforme al intento y deseo del Rey.

Pero Dios, que amaba a David, no podía dejar sin ejemplar reprensión y castigo tamaña iniquidad; y por eso le envió luego al profeta Natán para decirle: <<Había en cierta ciudad dos hombres, rico uno y el otro pobre. El rico poseía grandes rebaños. Mas el pobre nada absolutamente tenía sino una sola ovejita, que había comprado y alimentado, y que había crecido en su misma casa juntamente con sus hijos, comiendo de su pan, bebiendo de su copa, durmiendo en su seno de manera que era para él como una hija. 

Pero habiendo venido un extraño a casa del rico, robó la oveja al pobre, y se la sirvió en la mesa a su huésped, porque no quería tocar en su propio rebaño>>.

Al oír esto David, exclamó indignadísimo: <<¡Vive Dios, que ese hombre merece la muerte!>>.

Repuso entonces Natán: <<¡Tú eres ese hombre!>>.

Y al punto contestó David a Natán: ¡Ay de mí, que he pecado contra el Señor!

Añadió Natán: <<Por haberte arrepentido, el Señor te perdona; no morirás. He aquí tu castigo: el hijo que Betsabé te ha dado morirá>>. Y tal sucedió como lo había dicho el profeta.

Entonces fue David al Templo del Señor, y lloró contrito y humillado.

Pondera San Ambrosio, la humildad de David y de su inmenso dolor por su culpa, que fue el que le atrajo el perdón del cielo, al contrario de lo que hubiera sucedido si la hubiese negado y se hubiese disculpado de ella, como hicieron nuestros primeros padres, y como hacen la mayoría de los hombres, agravando de esa manera su pecado. <<Aun los Santos del Señor, añade, que sólo anhelan proseguir en la lucha comenzada y recorrer por entero la carrera de la salvación, si a las veces, siendo hombres como son, vienen a flaquear, no tanto por afición al pecado cuanto por la nativa debilidad, luego se levantan, y, más ardorosos, para la marcha compensan el tropezón, con rudos combates. Así, su caída, lejos de retrasarlos, sólo sirve para estimularlos y hacerles correr más que antes>>.

 Pues bien, en el bautismo fuimos sepultados con Cristo, y con Él fue crucificado nuestro hombre viejo, para que muramos al pecado y resucitemos en Él a nueva vida. Si por desgracia recayéremos, pidamos a Dios nos sea propicio, y nos devuelva la gracia del Espíritu Santo, ya que de Él proviene todo don perfecto.

Después hemos de llegarnos al altar y recibir en él la Sagrada Eucaristía, cuya virtud nos fortalecerá contra nuestros enemigos y nos conservará en el fervor de la piedad, porque el Señor es la fortaleza de su pueblo y el guía que jamás le dejará de la mano.


Por eso también leemos hoy el Evangelio de la multiplicación de los panes, figura de la Eucaristía, que es nuestro necesario viático. La divina Eucaristía nos ahorrará también lamentables caídas, perfeccionando en nosotros la gracia bautismal y afianzará nuestros pasos en las sendas del Señor.

El Señor bondadosísimo dice que no quiere dejarles volver a sus casas sin haber comido, no sea que desfallezcan en el camino. <<Si alguno desfallece en el camino, no habrá que achacarlo a la comida>>; porque si Elías pudo andar por el desierto cuarenta días, con el vigor que le comunicó el pan suministrado por un Ángel, con harta más razón podremos andar durante los cuarenta años de la vida por la tierra extraña de Egipto, si nos alimentamos del Pan divino, que en el altar se nos sirve.


N. de la R.: Texto tomado del Misal Diario y Vesperal de Dom. Gaspar Lefebvre.

sábado, 29 de junio de 2024

Fiesta de los Santos Apóstoles Pedro y Pablo (29 de Junio).

La Iglesia entra está hoy de fiesta, porque <<Dios ha consagrado este día con el martirio de los Apóstoles San Pedro y San Pablo>>.

San Pedro es el vicario, o sea, el lugarteniente y representante visible de Cristo. Los judíos, que habían desechado a Jesús, hicieron lo mismo con su sucesor. Por lo cual, trasladando entonces el centro religioso del mundo, Pedro dejó a Jerusalén, y se fue a Roma, que luego llegará a ser la ciudad eterna, y sede de todos los Papas.

San Pedro, primer Papa, habla en nombre de Cristo, el cual le concedió su infalibilidad doctrinal. Y así, no son la carne y la sangre sus guías e inspiradores, sino el Padre celestial, quien no permite que las puertas del infierno prevalezcan contra su Iglesia, cuyo fundamento es Él mismo.

Al recibir San Pedro las llaves, fue constituido prepósito del <<reino de los cielos>> en la tierra, o sea, de la Iglesia, reinando en ella en nombre de Jesucristo, que le ha investido de su potestad y de su Autoridad soberana. 

Roguemos con <<la Iglesia, la cual no cesaba de elevar oraciones a Dios, en favor de San Pedro>>, roguemos por su sucesor <<el siervo de Dios, nuestro Santo Padre el Papa>>.

¡Oh gloriosos príncipes de la tierra! Así como os amasteis en vida, tampoco quisisteis veros separados en la muerte. Os felicitamos hoy en el día de vuestro triunfo y de vuestro descanso.

Ahora mirad desde el cielo a los que todavía nos arrastramos por la tierra. Mirad esa navecilla de la Iglesia, que boga por medio del mundo llevando a tantas almas al puerto de salvación. Pedid también para todos y cada uno de los cristianos acrecentamiento de fe, de esperanza y caridad, de esas tres virtudes fundamentales por que tanto os distinguisteis entrambos, de manera que para nosotros y para toda la Iglesia dilatada por el Orbe deje huella indeleble vuestra santa festividad.

*En las dos grandiosas basílicas construidas en Roma sobre los sepulcros <<de estos dos Príncipes, que con la cruz y con la espada conquistaron su silla en el senado eterno>>, se celebraban antiguamente dos Misas solemnes. Más tarde, por razón de la gran distancia que separa entre si a estas dos iglesias, se dividió la fiesta, honrando más particularmente a San Pedro el 29 de Junio y a San Pablo el 30 del mismo*

N. de la R.: Texto tomado del Misal Diario y Vesperal de Dom. Gaspar Lefebvre.


lunes, 24 de junio de 2024

Himno "Ut Queant Laxis" (de las Vísperas de la Fiesta de la Natividad de San Juan Bautista) y otras curiosidades...

Ut queant laxis 
Resonáre fibris, 
Mira gestórum 
Fámulis tuórum, 
Solve pollúti 
Lábiis reátum, 
Sancte Ioánnes. 

Núntius celso 
Véniens Olýmpo, 
Te patri magnum 
Fore Nasciúrum, 
Nomen, et vitae 
Sériem geréndae, 
Ordine promit. 

 Ille promíssi 
Dúbius supérni, 
Pérdidit promptae 
Módulos loquélae: 
Sed reformásti 
Génitus perémptae, 
Organa vocis. 

Ventris obstrúso 
Récubans cubíli, 
Sénseras Regem 
Thálamo manéntem: 
Hinc parens nati 
Méritis utérque, 
Abdita pandit. 

Sit decus Patri, 
Genitaéque Proli, 
Et tibi compar 
Utriúsque virtus, 
Spíritus semper, 
Deus unus, omni 
Témporis aevo. Amen.

Fiesta de la Natividad de San Juan Bautista (24 de Junio).

<<El profeta del Altísimo>>, San Juan, está figurado por Isaías y Jeremías; mucho mejor que ellos fue consagrado desde el vientre de su madre, para anunciar la venida de Jesús y disponer a ella las almas. 

El Evangelio nos refiere los prodigios que acompañaron a su nacimiento. Zacarías impone a su hijo el nombre que San Gabriel le trae del cielo, y que significa: El Señor ha dado gracia recobrando al punto la voz, y prediciendo las grandezas de su hijo: <<Irá delante del Señor, para anunciar al pueblo la ciencia de la salvación>>.

El Ángel Gabriel había anunciado a Zacarías que muchos se alegrarían en el nacimiento de Juan Bautista. Porque no fueron sólo los vecinos y parientes de Isabel, los que celebraron este acontecimiento, sino que cada año, en el día de su aniversario, la Iglesia entera convida a sus hijos a participar de estas santas alegrías, pues la natividad <<de este profeta del Altísimo>> está íntimamente unida a la venida del Mesías. 

San Juan es llamado en el Evangelio <<el amigo del esposo>>; y Dios le escogió para que le preparase por medio de su predicación y de su bautismo de penitencia un pueblo perfecto; y después de haber engalanado a la esposa, se la presentase al divino Esposo. Jesús se le acerca en las riberas del Jordán, y el agua adquiere con su contacto divino la virtud santificadora, por la cual hace que nuestras almas nazcan a la vida sobrenatural. San Juan bautiza a Cristo en el Jordán y oye la voz del Padre que proclama a Jesús como a Hijo suyo predilecto. Ve asimismo al Espíritu Santo bajar sobre Él en figura de paloma, y revela que Jesús es el <<Cordero de Dios>>. Tengamos presente que después de haber bautizado al Maestro, el que lleva el nombre de Bautista, ese mismo presidió también en nuestro bautismo, porque todos los baptisterios (especialmente el de San Juan de Letrán de Roma) le están consagrados, y su imagen debe adornar las fuentes bautismales.

Habiendo, pues, sido llevados por él a Jesús, acerquémonos también a la Eucaristía llevados de la mano por San Juan, y recemos con devoción las palabras del Agnus Dei, con las que nos señala como con el dedo al Salvador.

A partir de la fiesta del Nacimiento de San Juan, los días menguan, porque el sol, después de haber llegado al zénit de su carrera anual, comienza a descender. Por el contrario, la fiesta del Nacimiento del Salvador, de la que ésta es su preludio, señala la época en que empieza a subir sobre su órbita. El Precursor debe eclipsarse delante de Jesús, que es la verdadera luz de las almas. <<Es preciso que Él crezca, dijo San Juan, y que yo mengue>>.

Los solsticios solían coincidir con fiestas paganas, en las que se encendían fogatas para honrar al astro que nos envía la luz. La iglesia cristianizó estos usos, viendo en ellos un símbolo de San Juan, el cual fue <<una lumbrera que ardía y brillaba>>. Las fogatas de San Juan daban feliz término a la solemnidad litúrgica, mostrando unida en un mismo pensamiento a la Iglesia con la ciudad terrestre.

N. de la R.: Texto tomado del Misal Diario y Vesperal de Dom. Gaspar Lefebvre.

domingo, 23 de junio de 2024

Domingo V después de Pentecostés.

La liturgia de este Domingo sobre todo el perdón de las injurias, con la historia de David que sigue leyéndose en el Breviario, y un paso de las Epístolas del Apóstol San Pedro, cuya fiesta cae en torno de este mismo Domingo.

Vencedor David del gigante Goliat fue vitoreado con entusiasmo por todo Israel, y por doquier se oía este grito: ¡Saúl ha muerto a mil, y David a diez mil! (Filisteos). Con esto entró Saúl en celos, y la envidia carcomía su corazón, porque pensaba que iba a suplantarle en el trono de Israel. Y fue tal la melancolía y la saña que se apoderó de Saúl, que llegó a lanzar dos veces una saeta contra el cariñoso David, que le tañía el arpa por ver de calmarle y darle contento. Pero el dardo no le tocó, ni tampoco le hirieron en la guerra adonde le destinara el rey para exponerlo al peligro. 

El genio malo de Saúl subió entonces de punto, y exasperado, entró cierto día en una caverna, tramando emboscada contra David. Éste, que se hallaba dentro de ella, pudo entonces matar a su injusto perseguidor. Dijeron sus compañeros: <<Es el rey; el Señor te le entrega; éste es el momento de matarle con tu lanza>>. Pero David respondió: <<Jamás pondré mi mano en el que ha recibido la unción sagrada>>; y se contentó con cortar parte del fleco del manto de Saúl, mostrándoselo después desde lejos. Saúl, al ver rasgo tan generoso, lloró, diciendo: <<¡Hijo mío David, eres tú mejor que yo!>>. Muerto Saúl en sangrienta refriega contra el Filisteo, no se alegró de ello David, antes mandó matar al infeliz Amalecita que, a ruegos del mismo rey, se había atrevido a acabar con su vida, y hasta cantó con amargas endechas su muerte, diciendo: <<¡Montes de Gelboé! Que ni rocío ni lluvia caigan más sobre vosotros… porque en vosotros cayeron los héroes de Israel: Saúl y Jonatás, amables en su vida, ni en la muerte se han separado>>.

San Gregorio explica alegóricamente la maldición de David sobre el monte de Gelboé, y hasta llega a ver en Saúl, en el <<Ungido del Señor>>, una figura de Cristo, el verdadero Rey, el verdadero Ungido y Mediador entre Dios y los hombres. Pero lo que más nos importa es recoger esas grandes lecciones de caridad, tanto más de admirar cuanto que se nos dan antes del Evangelio, y sin haber tenido David, como lo tenemos nosotros, ejemplos tan elocuentes del perdón generoso de las injurias, como no fuera el ejemplo del Patriarca José. Verdaderamente David podía decir en los salmos: <<He devuelto bien por mal>>, y en esto era figura viva de Cristo nuestro Señor, el cual disculpaba y oraba por sus mismos sayones que le clavaban en el madero. También la Epístola y el Evangelio nos hablan hoy del perdón de las injurias; <<Vivid unidos de corazón en la oración, no devolviendo mal por mal, ni agravio por agravio>>. Y es que, además, no acepta Dios ningún sacrificio mientras haya entre nosotros alguna rencilla contra el prójimo. Tanto vale la caridad, ese mandato único que Cristo vino a traer al mundo y que los compendia perfectamente a todos. Así resultó que David, ungido después rey de Israel por los ancianos del pueblo en Hebrón, tomó por asalto la ciudadela de Sión, que desde entonces fue su ciudad, y en ella colocó el Arca de la Alianza, recompensa debida a su caridad.

El modo mejor de llegar a una caridad tan heroica como la de David, a esa fusión de corazones que tanto nos inculcan el Evangelio y la Epístola, será amar a Dios, y no desear sino los bienes eternos, y el morar en aquellos celestiales palacios, en que sólo se entra mediante la práctica ininterrumpida de esta hermosísima virtud.   

N. de la R.: Texto tomado del Misal Diario y Vesperal de Dom. Gaspar Lefebvre.


viernes, 21 de junio de 2024

Fiesta de San Luis Gonzaga, Confesor (21 de Junio).

El Espíritu Santo <<distribuidor de los dones celestiales>>, hizo de Luis, joven príncipe de la noble familia de los Gonzaga, un ángel de la tierra.

Vino al mundo en el castillo de Castiglione (Italia), en circunstancias tan difíciles, que hubieron de apresurarse a bautizarle. Siendo niño, creían llevar un ángel cuantos le tomaban en brazos. A los nueve años hizo en Florencia y ante el altar de la Santísima Virgen, el voto de virginidad, y durante toda su vida practicó la más severa modestia en su mirada. En medio de las seducciones de las cortes de los príncipes, conservó siempre con tanta fidelidad su primera inocencia, que se diría confirmado en gracia. A los once años recibió por vez primera y de manos de San Carlos Borromeo, el Pan de los Ángeles.

A los diecisiete años ingresó en Roma, en la Compañía de Jesús, de la que es una de sus glorias. Se distinguió tanto por su mortificación y por su amor divino, que se le compara al de los Escogidos, en la condición en que los fijará la resurrección general.

<<Viven como ángeles>>, dice Jesús, porque el alma ejercerá el pleno dominio sobre el cuerpo, el cual entonces participará de su naturaleza espiritual.

A la edad de veintitrés años (1591), revestido de su inocencia como de una túnica nupcial, en la que brillaban las perlas de sus continuas lágrimas, murió víctima de su caridad con los apestados, y <<escaló la montaña santa>>, para tomar parte allí en el banquete celestial en el que Dios regala a los limpios de corazón.

Benedicto XIII le propuso como dechado a la juventud; para que, si no le imita siempre en su inocencia, le siga por lo menos en su penitencia.

¡Oh joven angelical! Pudiste traspasar la ley de Dios. Pocos se habrán visto en mayores peligros que los que rodeaban a la juventud en los palacios del Renacimiento. Danos valor y fuertes convicciones para resistir al embate de las pasiones, causa de los errores de la mente. Mira por esa falange aguerrida de jóvenes, que se honran con el nombre de Luis, y por querida Compañía, que tanto amaste.

Religioso Jesuita, fue canonizado el 13 de diciembre de 1726, por Benedicto XIII, quien lo declaró patrón de la juventud, título confirmado por Pío XI en 1926. Se le representa vestido de sotana y sobrepelliz, con un lirio, referido a su inocencia; una cruz, referida a su piedad y sacrificio; una calavera, referida a su temprana muerte; y el santo rosario, referido a su devoción por la Santísima Virgen María.


N. de la R.: Texto tomado del Misal Diario y Vesperal de Dom. Gaspar Lefebvre.


jueves, 20 de junio de 2024

La Unión Seglar de la Tradición Católica.

La Unión Seglar de la Tradición Católica, es un grupo de fieles católicos chilenos, que fieles a la Iglesia Católica, Apostólica y Romana, nace como iniciativa para la preservación, difusión y defensa de la Misa Tradicional y de la sana doctrina.

Nuestro apostolado, aunque pequeño, quiere extenderse no sólo a la liturgia tradicional, sino a todas las manifestaciones culturales de la sociedad cristiana occidental -que hoy aparece en vías de extinción ante la vorágine del mundo moderno- promoviendo las iniciativas de arte sagrado en todas sus expresiones, siendo el corolario de este movimiento el trabajo por la mantención y restauración del Santo Sacrificio de la Misa de Siempre, conforme a la edición típica del Missale Romanum de 1962.

A través de esta humilde bitácora pretendemos comenzar nuestro apostolado escrito, donde trataremos de publicar diversos artículos de interés referente a la doctrina, liturgia, piedad, y noticias de actualidad. Animamos vivamente a quienes deseen contactarnos lo hagan, a fin de mantenernos unidos en esta hora crucial para la Santa Iglesia.

Los tiempos para la tradición católica son desfavorables, sin embargo, mantenemos viva la esperanza, confiados en que al final, la victoria es de nuestro Dios y del cordero, y que, pese a las continuas asechanzas del demonio sobre la Santa Iglesia, el Corazón de Cristo reinará, como lo prometiera Nuestro Señor Jesucristo a Santa Margarita María Alacoque: “Reinaré a pesar de mis enemigos…”.

Una innumerable cantidad de fieles católicos, venidos de todas partes del mundo, se encamina a la Catedral de Chartres, en la tradicional Peregrinación París-Chartres que organizan anualmente los grupos vinculados a la Tradición en Europa. (Foto: Una Voce Sevilla)